LA SAGA JUVENIL DEL GRUPO DE AMIGOS DEL BARRIO DEL ÁGUILA – Quinta y última parte

Publicado el 23 enero 2011 por Federico Michell Zavala

XI

Con el advenimiento de la década de los setentas, el grupo de amigos del Barrio del Águila que había permanecido estrechamente unido a lo largo de los años comenzó a mostrar los primeros indicios de su desintegración física. Varias familias de algunos de los miembros habían trasladado sus residencias a lugares más distantes dentro de la misma Managua, haciendo más difícil su traslado hasta nuestro habitual centro de convergencia y, por tanto, restando constancia a su presencia. Por otra parte, el ingreso a la universidad de unos significó para éstos nuevas dinámicas, nuevas experiencias, nuevas amistades, distintas a las de los que continuaban estudiando el bachillerato, concitando de manera imperceptible diferencias en las motivaciones e intereses hasta entonces comunes entre nosotros.

La madrugada del 23 de diciembre de 1972 un terrible sismo, junto a otro que le siguió poco después, destruyeron por completo la ciudad capital y con ella a nuestro querido barrio, borrando de un manotazo casi todo vestigio del espacio urbano referencial de nuestro anterior devenir. Junto con la aterrorizada población capitalina, a la par de nuestras familias, hubimos de abandonar los restos derruidos y humeantes de Managua en macabro éxodo, dejando atrás nuestras pertenencias, nuestro dolor y nuestros muertos para buscar refugio en las ciudades vecinas, donde permanecimos temporalmente hasta por varios meses. Al comienzo casi no sabíamos los unos de los otros, si habíamos sobrevivido o si estábamos muertos. Al paso de los días nos fuimos reencontrando, teniendo noticias de la buena o mala suerte corrida por cada quien. Más adelante, con la reconstrucción de la ciudad, volvimos, pero Managua ya no era y nunca volvería a ser la misma, ruinosa, desordenada, dispersa, sin centro ni periferia, despojada por siempre de su antes bien definida identidad.

Vista aérea de las ruinas de Managua después del terremoto del 23 de diciembre de 1972 - Managua, Nicaragua - 23 de diciembre de 1972

Vista aérea de las ruinas de Managua después del terremoto del 23 de diciembre de 1972 - Managua, Nicaragua - 23 de diciembre de 1972

Vista aérea de las ruinas de Managua después del terremoto del 23 de diciembre de 1972 - Managua, Nicaragua - 23 de diciembre de 1972

Después, cada cual siguió el curso que la vida nos fue señalando en cada caso. Empezamos a trabajar para labrarnos nuestra particular subsistencia. Nos casamos, erigimos nuestras propias familias, tuvimos hijos. Unos se marcharon de Nicaragua a residir en otros países, donde se asentaron definitivamente. Hay otros que ya nos dejaron para siempre, pasando, inolvidables, a ocupar un sitio permanente en lo más hondo de los amigos que aún perseveramos.

XII

Desde principios de 1963, cuando el grupo de amigos del Barrio del Águila comenzó su gestación, hasta fines de 1972, en que el terremoto destruyó Managua, transcurrieron diez años de nuestra existencia, a lo largo de los cuales pasamos de la niñez a la adolescencia y, de ésta, a los inicios de la adultez. Y así que fuimos creciendo en edad, en estatura, en peso y, más aún, en madurez, así fue creciéndonos también, sin premeditación, sin conciencia de ello, sin casi siquiera darnos cuenta, una invaluable amistad forjada entre risas, juegos, travesuras, confidencias, intrascendentes disputas, amoríos y experiencias. De ahí que esos diez años guarden algunos de los más memorables momentos de nuestras vivencias juveniles.

Muy distintos fueron los tiempos aquellos, sin computadores, ni celulares, ni televisión por cable. Época de llana sencillez y simplicidad rudimentaria. La gente era la gente, pero más humana, y aunque parezca ilusión de nuestra parte, el sol de aquel entonces alumbraba con más fuerza, el azul del cielo era más intenso, la brisa del viento soplaba más transparente y fresca, las lluvias caían más copiosas, en las noches las estrellas brillaban fulgurantes como nunca y los relojes, los añejos relojes, marcaban los segundos más despacio, dejando para todo libre un rato.

Ahora nos hemos ido haciendo viejos. Con canas o escasos de cabello, poblados de arrugas, cortos de vista, rotundas las figuras, caminando más acompasado y lento, rodeados de hijos y hasta de nietos, empezamos a sumar los años que nos restan. A pesar de ello, el día a día, el constante ir y venir no se detiene, nos presiona, y nos exige y nos reclama con su vertiginoso ritmo, no dejando espacio para nada.

Algunos de los integrantes del grupo de amigos del Barrio del Águila más de treinta años después - Residencia de la familia Baca Suárez, Managua, Nicaragua - 6 de junio de 2004

Mas, en medio de tanto todo a cuestas… ¿cómo olvidar, cómo no evocar de vez en cuando? ¿Cómo en ocasiones no ver aquel conjunto de chavalas y chavalos correteando en medio de la calle y danzando al son de cada juego? ¿Cómo no oír de pronto sus gritos, sus risas y sus cantos; y, al fondo, la voz de la madre clamando por el vástago que finge no escucharla para seguir jugando; y, más al fondo, el tren que pasa, y pita, y sin parar su campana repica? ¿Cómo no aspirar por un momento la brisa que se despierta y se levanta, revolviendo hojarascas, alborotando faldas y refrescando agitadas frentes? ¿Cómo no sentir ahora mismo la pequeña gota caída de quien sabe qué nube pasajera derramándonos por la mejilla para detenerse en la comisura de los labios y dibujarnos una leve e imperceptible sonrisa?

Entonces, por un reverdecido instante, nos transfiguramos jóvenes de nuevo y otra vez el sol alumbra con más fuerza, y el azul del cielo es más intenso, y la brisa del viento sopla, y la lluvia, y las estrellas, y etc., etc., etc.

Algunos de los integrantes del grupo de amigos del Barrio del Águila - Hacienda Las Delicias, Carretera Panamericana Norte, Managua, Nicaragua - cd1966

El Crucero, Managua, Nicaragua, domingo 23 de enero de 2011.

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Una respuesta para LA SAGA JUVENIL DEL GRUPO DE AMIGOS DEL BARRIO DEL ÁGUILA – Quinta y última parte

  1. MartaJulia Acevedo Salinas dice:

    Hoy son recuerdos, y qepd, Nando y Mancho, delicado de salud Edgard. Gracias Pico, haremos más aportes a tu memoria gráfica y textual. Martha Julia Acevedo Salinas.

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