Obras maestras del humor en la literatura nicaragüense TRES POEMAS VANGUARDISTAS DE JOSÉ CORONEL URTECHO

Publicado el 17 junio 2011 por Federico Michell Zavala
José Coronel Urtecho

José Coronel Urtecho - Fotografía tomada del suplemento Nuevo Amanecer Cultural de El Nuevo Diario

José Coronel Urtecho, literato —lírico, narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y traductor—, educador, historiador, funcionario público, legislador y diplomático nicaragüense, nacido en Granada, Nicaragua, el 28 de febrero de 1906, muerto en Los Chiles, Alajuela, Costa Rica —en la frontera con Nicaragua—, el 19 de marzo de 1994, fue uno de los intelectuales del siglo XX más influyentes en Nicaragua, ejerciendo una acción renovadora en diversos y variados campos del pensamiento. Fundó y guió el Movimiento de Vanguardia, surgido en su ciudad natal a fines de la década de los veinte de la pasada centuria; más adelante, en los años treinta, encabezó el Movimiento Reaccionario, contribuyendo al ascenso al poder del dictador, general Anastasio Somoza García, error que reconocería y buscaría reparar más adelante. Para la segunda mitad de los setenta apoyó la lucha revolucionaria encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y, tras la derrota de la dictadura somocista, respaldó la Revolución Popular Sandinista emprendida en su país a lo largo de los años ochenta.

Toda la vida y la vasta obra intelectual de José Coronel Urtecho estuvo marcada por el propósito transformador, innovador y renovador de su labor cultural, sustentada desde un inicio en una actitud de rechazo y subversión de las condiciones económicas, sociales y políticas encontradas en Nicaragua hacia el año de 1927, en que regresara de estudiar en los Estados Unidos de América, con apenas 21 años de edad. El joven Coronel Urtecho pronto se rebeló y actuó, en lo social, contra el orden burgués establecido, en particular el de su natal Granada, de cuyo seno él mismo provenía; en lo político, contra el encajonamiento histórico devenido del paralelismo libero-conservador predominante desde la independencia formal del colonialismo español; en lo cultural y, más específicamente, en lo literario, contra el romanticismo, el parnasianismo, el modernismo y la deformada mitificación de la figura y obra de Rubén Darío. Aún en su peculiar “retiro” en las recónditas y selváticas riberas del Río San Juan de Nicaragua, desde donde continuó ejerciendo una activa y continua incidencia en la sociedad nicaragüense, denotaría un audaz rompimiento con los moldes y estereotipos sociales de su tiempo.

Coronel Urtecho proclamó y promovió la recreación de la verdadera esencia de la identidad nicaragüense a través de la formulación de una auténtica cultura nacional y popular que rescatase los elementos vernáculos y tradicionales propios del mestizaje que le dieron origen, desvirtuados por efectos de la perturbadora influencia cultural extranjera, en especial, la estadounidense, que denunciara desde temprano.

Inevitablemente, la palabra de José Coronel Urtecho estuvo muchas veces bordada con el original y fino humorismo que, desenfadado y travieso, burlón, irónico o satírico, fluía a través de sus escritos, como de su magisterio oral, tan prodigiosos los unos como el otro. Humor que, más allá de recrearse en su mero divertimiento formal, deviene casi siempre en función de apuntalar los objetivos de fondo del contenido en que habita. En consecuencia, la brillantez humorística que destaca rebosante a primera vista, termina cediendo paso al propósito último y fundamental del escrito, al que se supedita y contribuye, mas sin por ello perder un ápice de su brillo propio, complementándose en perfecta armonía.

Manifestaciones deslumbrantes de su genio humorístico fueron muchos de los poemas publicados por el escritor durante su juvenil período vanguardista, de entre ellos, a manera de muestra mínima, se transcriben los tres siguientes.

Clásico de la literatura nicaragüense, la oda que, con burlona e irónica irreverencia, escribiera el joven don José para liquidar cuentas con la omnipresencia oficial, pomposa y marmolada, de la lírica dariana, misma que se constituyó a la vez en auténtico manifiesto del vanguardismo literario impulsado entonces por el poeta.

Oda a Rubén Darío

“¿Ella? No la anuncian. No llega aún.”
Rubén Darío. Heraldos

I

(Acompañamiento de papel de lija)

Burlé tu león de cemento al cabo.
Tú sabes que mi llanto fue de lágrimas,
i no de perlas. Te amo.
Soy el asesino de tus retratos.
Por vez primera comimos naranjas.
Il n´y a pas de chocolat —dijo tu ángel de la guarda.

Ahora podías perfectamente
mostrarme tu vida por la ventana
como unos cuadros que nadie ha pintado.
Tu vestido de emperador, que cuelga
de la pared, bordado de palabras,
cuánto más pequeño que ese pajama
con que duermes ahora,
que eres tan sólo un alma.

Yo te besé las manos.
“Stella —tú hablabas contigo mismo—
llegó por fin después de la parada”,
i no recuerdo qué dijiste luego.
Sé que reímos de ello.

(Por fin te dije: “Maestro, quisiera
ver el fauno”.
Mas tú: “Vete a un convento”).

Hablamos de Zorrilla. Tu dijiste:
“Mi padre” i hablamos de los amigos.
“Et le reste est literature” de nuevo
tu ángel impertinente.
Tú te exaltaste mucho.
“Literatura todo —el resto es esto”.
Entonces comprendimos la tragedia.
Es como el agua cuando
inunda un campo, un pueblo
sin alboroto i se entra
por las puertas i llena los salones
de los palacios —en busca de un cauce,
del mar, nadie sabe.

Tú que dijiste tantas veces “Ecce
Homo” frente al espejo
i no sabías cuál de los dos era
el verdadero, si acaso era alguno.
(¿Te entraban deseos de hacer pedazos
el cristal?) Nada de esto
(mármol bajo el azul) en tus jardines
—donde antes de morir rezaste al cabo—
donde yo me paseo con mi novia
i soy irrespetuoso con los cisnes.

II

(Acompañamiento de tambores)

He tenido una reyerta
con el Ladrón de tus Corbatas
(yo mismo cuando iba a la escuela),
el cual me ha roto tus ritmos
a puñetazos en las orejas…

Libertador, te llamaría,
si esto no fuera una insolencia
contra tus manos provenzales
(i el Cancionero de Baena)
en el “Clavicordio de la Abuela”
—tus manos, que beso de nuevo,
Maestro.

En nuestra casa nos reuníamos
para verte partir en globo
i tú partías en una galera
—después descubrimos que la luna
era una bicicleta—
y regresabas a la gran fiesta
de la apertura de tu maleta.
La Abuela se enfurecía
de tus sinfonías parisienses,
i los chicuelos nos comíamos
tus peras de cera.

(Oh tus sabrosas frutas de cera)

Tú comprendes.
Tú que estuviste en el Louvre,
entre los mármoles de Grecia,
y ejecutaste una marcha
a la Victoria de Samotracia,
tú comprendes por qué te hablo
como una máquina fotográfica
en la plaza de la Independencia
de las Cosmópolis de América,
donde enseñaste a criar Centauros
a los ganaderos de las Pampas.

Porque, buscándome en vano
entre tus cortinajes de ensueño,
he terminado por llamarte
“Maestro, maestro”,
donde tu música suntuosa
es la armonía de tu silencio…
(¿Por qué has huído, maestro?)
(Hay unas gotas de sangre
en tus tapices).

Comprendo.
Perdón. Nada ha sido.
Vuelvo a la cuerda de mi contento.
¿Rubén? Sí. Rubén fue un mármol
griego. (¿No es esto?)

“All’s right with the world”, nos dijo
con su prosaísmo soberbio
nuestro querido sir Roberto
Browning. Y es cierto.

FINAL

(Con pito)

En fin, Rubén,
paisano inevitable, te saludo
con mi bombín,
que se comieron los ratones en
mil novecientos veinte i cin-
co. Amén.

(1926, publicado en Nicaragua en 1927)

Como un juego, como una traviesa guiñada de ojo literaria, un brevísimo poema que, tras la declarada ruptura con todo lo anterior, parece anunciar el surgimiento de nuevas y originales formas de creación poética en busca de la perfección anhelada a partir de cero, de nada… o casi nada.

Obra Maestra

O
¡cuánto me ha costado hacer esto!

(1928)

Al final, el juego infantil de repetición oral sin pausa ni respiro, para de desembocar, onomatopeya de por medio, en la inesperada sorpresa lunar.

Plenilunio

Una gallina en un arado
puso un huevo colorado
puso 1
puso 2
puso 3
puso 4
puso 5
puso 6
puso 7
puso 8
puso 9
puso 10
puso puaff!
La luna

(¿?)

Apenas tres muestras del innovador ingenio y el humor rutilante de José Coronel Urtecho cuando iniciaba por su largo bregar literario. Después, siempre más, como en sus “noveletas” de 1938 o en su breve cuento “El Mundo es Malo”. Y así por el resto de su fecunda vida.

El Crucero, Managua, Nicaragua, viernes 17 de junio de 2011.

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