ESCRITOS DE VEZ EN CUANDO – Parte V

Publicado el 9 enero 2011 por Federico Michell Zavala

CONSECUENCIA CÓSMICA

En la inconmesurable extensión del espacio
y la infinita e irrevertible prolongación del tiempo
vale igual:
Una flor que se marchita,
una estrella que destella,
o la existencia toda de la tierra.

¿Será por eso que
mínimas, intrascendentes, insignificantes, tus despreciables ofensas
me lastiman tanto?

fmz
Managua, Nicaragua
15 de marzo de 2005.

AHORA SERÁN LAS PALABRAS…

Ahora serán las palabras,
las más inútiles o las más elocuentes,
las que brotan de las lágrimas o de la cólera;
ahora leeremos bellas imágenes sobre el fénix que renace de las cenizas,
en poemas y discursos se irá fijando para siempre la imagen DE DOUGLAS.
También éstas que escribo son palabras,
pero no las quiero así, no quiero ser yo quien hable de él.
Pido lo imposible, lo más inmerecido,
lo que me atreví a hacer una vez, cuando él vivía:
pido que sea su voz la que se asome aquí,
que sea su mano la que escriba estas líneas.
Se que es absurdo y que es imposible,
y por eso mismo creo que él escribe esto conmigo,
porque nadie supo mejor hasta qué punto lo absurdo y lo imposible
serán un día la realidad de los hombres,
el futuro por cuya conquista dio su joven, su maravillosa vida.
Usa entonces mi mano una vez más, hermano mío,
de nada les habrá valido cortarte los dedos,
de nada les habrá valido matarte y esconderte con sus torpes astucias.
Toma, escribe:
lo que me quede por decir y por hacer lo diré y lo haré siempre contigo a mi lado.
Sólo así tendrá sentido seguir viviendo.

Las líneas precedentes no fueron en verdad escritas para Douglas. Las escribió Julio Cortázar para el Ché, tras la captura y asesinato de este último en las selvas bolivianas, hace más de 37 años. Donde aparece puesto (con letra cursiva) “DE DOUGLAS”, en el original de Cortázar se lee “del Ché”. Por lo demás, el resto del texto concuerda en todo con el del escritor argentino ya también fallecido.

Parecerá, entonces, inadecuado, sino abusivo, o hasta irreverente, vincular a Douglas Guerrero Castellón, simple y llano luchador de Nicaragua, palabras dirigidas a uno de los más extraordinarios símbolos del ideal revolucionario latinoamericano y universal. Lesivo contra el que las escribió, señalarán unos. Falto de respeto para el que fueron escritas, clamarán otros.

Y sin embargo, si por un momento fuera posible cerrar la mente a la gloriosa figuración histórica del Ché para fijar el pensamiento en su ser únicamente, abstrayéndolo de los hechos y las circunstancias sociales y políticas que protagonizó, ¿no fueron acaso muchas de las actitudes, valores y principios personificados en el Ché compartidos e igualmente enarbolados por nuestro desaparecido amigo y compañero?

Ché decía: …”el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”. Como el Ché, Douglas sentía un inmenso amor por los humildes, por los marginados, por los desposeídos. Como al Ché, ese amor lo condujo a abrazar la causa revolucionaria sustentado en profundos ideales humanistas, pulidos, depurados y perfeccionados con dedicación de artista a lo largo de su vida.

Ché, en otra conocida frase, pediría a sus hijos: …”sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”. Y Douglas, unida a su enorme capacidad de amar, padecía una insaciable sed de justicia. Bien sabemos, los que lo tratamos, cuanto era capaz de rebelarse, alguna veces, incluso, con encarnada rabia, ante la injusticia, la desigualdad o la opresión, para arremeter —Quijote lanza en ristre— contra cualquier molino de viento, sin importar que grande y poderosas parecieran sus aspas, en defensa de las víctimas del oprobio, de la ignominia o de la explotación, ya fuera colectivamente, participando en las grandes luchas libradas en Nicaragua, ya fuera de manera individual, adoptando pequeñas —a veces casi secretas— causas personales, asumidas con el mismo voluntarioso ahínco que las otras.

Ché, refiriéndose a sí mismo, proclamó ser: …”un hombre que actúa como piensa… leal a sus convicciones”. Desde el boy scout de la niñez o el fugaz de seminarista de la temprana adolescencia, pasando por el encubierto conspirador y combatiente por el derrocamiento de la dictadura somocista o el cuadro militar y político de los años de la revolución en el poder, hasta el psicólogo o el suplidor de recetas y alquimios remedios prodigados tras el mostrador de la farmacia familiar, Douglas hizo de su existencia un perseverante compromiso con sus creencias, a las que permaneció fiel, inclaudicable, incorruptible, hasta el fin de sus días.

Tenía Douglas, además, la peculiaridad de constituirse —aún sin él proponérselo— en el amigo, en el compañero necesario, hasta imprescindible para muchos. Sin importar tiempos transcurridos, ahí estaba disponible siempre el confidente fraterno con su conversación amena, la palabra oportuna, la broma fulgurante o el consejo franco. Sin importar estrecheses padecidas, ahí estaba abierta la mano solidaria y desprendida, capaz de dar lo que fuera cuando la necesidad de los otros se imponía.

Ché murió asesinado por esbirros del imperio, cobijado por la gloria del que cae en lucha. Douglas no gozó de tal suerte: Lo mataron vulgares asesinos. Al primero la muerte le valió para transfigurarse en bandera y camino de millones que le siguen por el mundo aferrados a su ejemplo; al segundo, a nuestro amigo —encuadrado en más reducidas dimensiones—, bastó para perpetuarle en la memoria de los que tanto le quisimos y seguimos queriendo. Tan dispares uno del otro en tanto sus proyecciones exteriores histórico-sociales, pero tan afines en cuanto a las interioridades de sus aptitudes y actitudes, valores y sentimientos, convicciones e ideales, sueños e ilusiones, esperanzas…

¿Cabe, pues, dudar ahora que tanto el Ché, como Cortázar que las escribió, hubieran prestado gustosos —sin mediar pueriles comparaciones— las palabras que encabezan este escrito para aplicárselas a nuestro Douglas, aproximado a ellos en la vida, aunado con ellos por la muerte?

De cualquier forma, a Douglas, ajeno como fue a cualquier afán de figuración o reconocimiento, todo lo anterior le tendría sin cuidado. Para él nuestro recuerdo seguramente habría sido más que suficiente. Para nosotros, los que padecemos su ausencia, definitivamente no. Si no que hablen las veces que hemos debido contener el persistente impulso de allegarnos una vez más hasta el mostrador de aquella farmacia del reparto de Altamira en busca del hermano, del amigo, del compañero de siempre, para encontrar su rostro afable de sonrisa ancha, para sentir su abrazo de corazón palpitante, para oír su socarrona risa de güegüense irreverente, para ver —aunque por vez última fuera— el brillo malicioso de sus ojos cuando te espetaba con su inevitable, invariable, inolvidable, sonoro saludo de: ¡Zángano!

fmz
Managua, Nicaragua
Marzo del 2005
(A poco de cumplirse
los siete años de su muerte)

LA ABULIA DE ESTOS DÍAS

En la abulia paralizante de estos días
puede más la pereza del espíritu
que la pena que producen sus efectos.

Ningún signo que despierte el intelecto,
ni siquiera un indolente o fugaz apetito
que incentive las ganas por la vida.

Tal vez en la penumbra de los sueños
una sombra desde el reverso del espejo
que me desate de la abulia de estos días.

fmz
Managua, Nicaragua
Junio de 2005.

OBITUARIO

María Zavala Urtecho murió martes 6 de diciembre de 2005, cercana la seis de la tarde, en el hospital público de Granada, Nicaragua, próxima a cumplir 86 años de edad (había nacido en Managua un 17 de diciembre de 1919).

Dicen que se fue sin dolor, sin sufrimiento. Suerte que no le cupo gozar a lo largo de su penosa vida. Más que de tiempo transcurrido, habrá muerto de soledad, de amargura, de vacío. Nada material dejó, unos tantos papeles sin valor, unas cuantas descoloridas fotografías. Nadie que diera continuidad a su carne y a su sangre. Fue sepultada en el cementerio de su ciudad, a la par de los huesos resecos de la olvidada tía Ritana. Inteligencias de la muerte que supo acercar bajo una misma cripta, dos que vivieron condenadas al aislamiento, al abandono y la marginación, víctimas de la incomprensión y la falsedad social.

Con ella se extingue uno de los pocos vínculos que todavía enlazan el linaje vasco de los Zavala con la nicaragüense ciudad de Granada, que los guareciera por más de dos siglos. No habrá de pasar mucho para que desaparezcan, también, los últimos vestigios de la vetusta Quinta Zavala que aún perdura, resistiendo el tiempo en el barrio La Otra Banda. La desaparición o el olvido de los que todavía —apenas— recordamos, se hará cargo, inexorable, del resto.

fmz
Managua, Nicaragua
Diciembre de 2005.

NO EL AMOR

No el amor,
sino el deseo,
acechando la lujuria
de la carne.

fmz
Managua, Nicaragua
21 de enero de 2006.

NOSTALGIA

Me aferro a la nostalgia
con postrado y sumiso afán.

Nada bueno se avisora
trás este presente vacío.

Un reloj repiqueteando
cada segundo sin brillo.

fmz
Quinta Marianita, El Crucero, Nicaragua
08 de febrero de 2007.

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